martes, septiembre 12, 2006


Mi encuentro con Chayanne

Cualquier cosa puede pasar en los barrios neuquinos, pero nunca imaginé que sucedería justo ahí donde dicen que está el agite. Sí, debo confesarlo, lo conocí a Chayanne y me cayó bien.
Canta bien pero no baila. Y se está recuperando de las heridas que le infligió un aguilucho que, aseguran las malas lenguas, no es de Gran Neuquén Sur sino que asola esa zona de la ciudad para saciar su hambre de cantantes latinos prefabricados.
Chayanne es un canario color amarillo canario, aunque un poquito más fluorescnte (sí, como el de los resaltadores). Es una de las compañías que tiene Don Moiana, un hombre de 83 años que hace mucho tiempo vive ahí sobre la calle Quimey, muy cerquita de Rodhe.
Todo esto viene a cuento de la charla que tuvimos esta mañana, un ratito ante de las 8, ahí en su casa. Nos había citado para mostrarnos un prolijo petitorio escrito en una hoja de cuaderno Arte (de los viejos, con la tapa de color celeste gastado, como el de las banderas). Reclamos para mejorar un poco el barrio; un regador para su calle polvorienta, árboles, algo de verde de piso y un banco para matear a la sombra y jugar al truco en la plaza de Quimey y Rodhe. También algo en el centro: un banco en la parada de bondis que está sobre avenida Olascoaga frente al monumento a la Madre.
Cuando me fui (nos fuimos; andaba con Jorge en el móvil), terminé por darme cuenta de una cosa: si a esa edad conserva las ganas para llamar a la radio y hacer un mini rosario de pedidos a quien corresponda es porque evidentemente recorre las calles, habla con sus vecinos, vive la ciudad todos los días. Vive.
Y pensar que a veces uno, que recién arranca a vivir su década infame, tiene fiaca o se cansa de las imbecilidades propias de una ciudad como Neuquén. Da envidia, da desear que en esa parte de la vida en la que sólo te acompaña el canto de un canario uno siga pidiendo lo que le corresponde.
Con muchas ganas de vivir. Son los viejitos que no se van a cansar nunca de exigirle al PAMI un trato digno de viejitos. Son los ancianos que nunca se cansaron de quejarse frente al Congreso de la Nación. Son los/as Norma Plá, son todos los don Moiana que andan girando por ahí con su bastón a cuestas, son mi abuelo Cholo que sigue haciéndole juicio al Estado después de que lo cagaron durante toda una vida con la jubilación.
Qué lindo pasar los 80 y seguir siendo un hinchapelotas, ¿no?
Ojalá llegué a los 83 años igual que Don Moiana, con ganas de seguir reclamando.
Ojala llegué a los 83 años igual que Don Moiana
Ojala llegué a los 83 años
Ojala llegué
Ojalá


Ah!, y qué pasó con el pájaro?. Pues nada, ahí sigue en su jaula, cantándole a los jilgueros y gorriones que todas las mañanas visitan al anciano que riega el patio de su casa con miguitas de pan. Un capo ese Chayanne.
Si les interesan las historias de pájaros/vecinos neuquinos, chequeen el suplemento aniversario de Neuquén del diario La Mañana Neuquén. Saltéense el sapo Sobisch (no vale la pena at all) y sigan para delante hasta encontrar al vecino que vive en la esquina de casa, acá en Villa Florencia, junto a su mujer, sus perros y más de 100 pájaros sueltos dentro de su casa.
Nos vemos.

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