viernes, septiembre 15, 2006


Biografía autorizada del autor.

Nunca expliqué quién soy. Creo que fue por el apuro de arrancar con el blog. Y como hablar de uno es bastante tedioso (me conozco bien y sé que me aburriría de mí mismo) rescaté un viejo perfil elaborado por un ignoto escritor de costados, a quien nadie le conoce el rostro; y que andaba dando vueltas por Internet. Que sirva entonces a modo de presentación:

Por Damián Díaz, biógrafo de estrellas (ya lleva contadas como 272).
Mauricio García. Periodista. Cronista, en realidad (y dice que a mucha honra). Experto opinólogo, especialidad que adquirió de joven (luego el tiempo hizo que se olvidara) cuando supo hacer extensas ponencias sobre la conveniencia de ubicar el opi más acá o más allá de las lecheras. Siempre tuvo dudas acerca de si el opi era “hopi” u “opi” a secas. Optó por la segunda: estaba seguro que “opinólogo” no iba ni con H ni h, es decir, ni larga ni corta.
Cronista de diario y de radio: labura todos los días y siempre en la misma zona.
Desestudiante universitario crónico. Hace como 10 años que no estudia sistemáticamente, ¡pero qué elegante manera de disimular!.
Entrevistado en una oportunidad por una revista -pidió especialmente evitar que se recuerde cuál fue esa oportunidad y esa revista- (N de la R: igual nadie se acuerda de ninguna de las dos) confesó ser un rocker frustrado que jugaba de cinco, aunque a veces lo mandaban al arco. Algo gordito, pero ni tanto como para ser el dueño del balón.
Hace un tiempo también se le dio por creerse surfer, pero para evitar una nueva frustración se refiere en tono místico al asunto: habla de una actividad que lo engrandece “desde adentro”. Se refiere al mar, no a su espíritu: siempre se queda bien adentro del agua porque si avanza hacia la rompiente se parte el marote con la punta de la tabla.
Nacido y criado en Mar del Plata, malcriado en diversos barrios de la misma ciudad, de adolescente vivió en San Martín de los Andes, donde cursó sus estudios secundarios y se aprendió la mitad del Himno de Neuquén sin repetir ni soplar. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos realizados, nunca logró memorizar el Himno de Sarmiento ni la versión original de Aurora que, dicho sea de paso, siempre le pareció muy vacuna. Sólo logró cantar la parte de “pobre aguilucha, le pegué en la truchaaa”.
Alumno modelo (modelo ’74 con papeles originles, nunca taxi) fue escolta de ocasión, más precisamente, en una sola ocasión, cuando el pibe que jugaba de titular se enfermó justo antes de uno de los actos).
Siendo adolescente tardío, quiso ser locutor: se fue a Buenos Aires en búsqueda del conocimiento, pero se volvió en bondi a la cordillera con una confusión de carácter casi lingüística: se le lenguaba la traba cuando intentaba pronunciar palabras raras como “inventio” o “dispositio”. Tras mudarse a 1.700 km. de su casa para aprender palabras raras, ya en Buenos Aires le explicaron que la carrera se trataba de otra cosa. Dice que todo fue una gran confusión, y que en el ISER nunca lo entendieron: él pensaba que locución hacía referencia a “elocutio”, la tercera de las operaciones retóricas en la constitución de los discursos. Pero le erró y se volvió a la Cordillera.
También regresó por un amor que había dejado cobijado entre las montañas y el agua del Lácar, y al otro año se lo llevó consigo (es sólo una manera de decir, porque ambos se mudaron al Alto Valle; digamos que fue una manito que le dio la suerte). Ambos viven ahora juntos en Neuquén felices y comen pollos; no perdices porque la caza de aves silvestres les da como impresión.
Actualmente atraviesa su propia década infame (tiene 31 años) y dice que cuando sea grande se va a vengar de todos y va a ser rocker y surfer a la vez, además de papá, aunque primero quiere madurar (todavía ´tá verde como las paltas que venden en el Topsy).
Promete no abandonar nunca el periodismo, aún en la eventual situación en la que el periodismo y algunos medios de comunicación se pongan de acuerdo y decidan hacerlo a un lado (otra N de la R: aparentemente, no se trataría de un auténtico amor por el oficio, sino de la imposibilidad de ganarse la vida por otros medios).
De momento, trabaja en uno de los móviles de una radio de Neuquén capital, LU5, desde donde se estaría robando las historias con las que pretende llenar un blog que lleva como nombre “Con las patas llenas de polvo”, y que puede encontrarse en: asfaltosinterminar.blogspot.com.”

Nos vemos.

martes, septiembre 12, 2006


Mi encuentro con Chayanne

Cualquier cosa puede pasar en los barrios neuquinos, pero nunca imaginé que sucedería justo ahí donde dicen que está el agite. Sí, debo confesarlo, lo conocí a Chayanne y me cayó bien.
Canta bien pero no baila. Y se está recuperando de las heridas que le infligió un aguilucho que, aseguran las malas lenguas, no es de Gran Neuquén Sur sino que asola esa zona de la ciudad para saciar su hambre de cantantes latinos prefabricados.
Chayanne es un canario color amarillo canario, aunque un poquito más fluorescnte (sí, como el de los resaltadores). Es una de las compañías que tiene Don Moiana, un hombre de 83 años que hace mucho tiempo vive ahí sobre la calle Quimey, muy cerquita de Rodhe.
Todo esto viene a cuento de la charla que tuvimos esta mañana, un ratito ante de las 8, ahí en su casa. Nos había citado para mostrarnos un prolijo petitorio escrito en una hoja de cuaderno Arte (de los viejos, con la tapa de color celeste gastado, como el de las banderas). Reclamos para mejorar un poco el barrio; un regador para su calle polvorienta, árboles, algo de verde de piso y un banco para matear a la sombra y jugar al truco en la plaza de Quimey y Rodhe. También algo en el centro: un banco en la parada de bondis que está sobre avenida Olascoaga frente al monumento a la Madre.
Cuando me fui (nos fuimos; andaba con Jorge en el móvil), terminé por darme cuenta de una cosa: si a esa edad conserva las ganas para llamar a la radio y hacer un mini rosario de pedidos a quien corresponda es porque evidentemente recorre las calles, habla con sus vecinos, vive la ciudad todos los días. Vive.
Y pensar que a veces uno, que recién arranca a vivir su década infame, tiene fiaca o se cansa de las imbecilidades propias de una ciudad como Neuquén. Da envidia, da desear que en esa parte de la vida en la que sólo te acompaña el canto de un canario uno siga pidiendo lo que le corresponde.
Con muchas ganas de vivir. Son los viejitos que no se van a cansar nunca de exigirle al PAMI un trato digno de viejitos. Son los ancianos que nunca se cansaron de quejarse frente al Congreso de la Nación. Son los/as Norma Plá, son todos los don Moiana que andan girando por ahí con su bastón a cuestas, son mi abuelo Cholo que sigue haciéndole juicio al Estado después de que lo cagaron durante toda una vida con la jubilación.
Qué lindo pasar los 80 y seguir siendo un hinchapelotas, ¿no?
Ojalá llegué a los 83 años igual que Don Moiana, con ganas de seguir reclamando.
Ojala llegué a los 83 años igual que Don Moiana
Ojala llegué a los 83 años
Ojala llegué
Ojalá


Ah!, y qué pasó con el pájaro?. Pues nada, ahí sigue en su jaula, cantándole a los jilgueros y gorriones que todas las mañanas visitan al anciano que riega el patio de su casa con miguitas de pan. Un capo ese Chayanne.
Si les interesan las historias de pájaros/vecinos neuquinos, chequeen el suplemento aniversario de Neuquén del diario La Mañana Neuquén. Saltéense el sapo Sobisch (no vale la pena at all) y sigan para delante hasta encontrar al vecino que vive en la esquina de casa, acá en Villa Florencia, junto a su mujer, sus perros y más de 100 pájaros sueltos dentro de su casa.
Nos vemos.
Los 102 años como excusa

Si. Es el aniversario de la ciudad. Es una buena excusa para arrancar, pero de a poquito. Es cierto. Venimos con algo de atraso. Pero a no desesperar que en cuento consiga una máquinita digital arracamos con tutti...